TIPOS DE NARRADOR.

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Narrado en primera persona

Narrador protagonista

Descrito en primera persona y también conocido como «narrador personaje», es fácil de identificar porque la voz que cuenta la historia es el personaje principal y se sitúa en el centro de la acción. La principal característica reside en que, al formar parte de la historia, su punto de vista sobre los hechos es limitado y subjetivo. Este tipo de narrador aporta credibilidad, ya que permite que el lector lo perciba como alguien real y cercano, alguien que le habla directamente y con el que camina de la mano a través de los acontecimientos. Como personaje que es, debemos construirlo en función de su psicología, expresándose, actuando y opinando en función de esta. Sin olvidar el resultado que queremos hacer llegar al lector: empatía, odio, complicidad, etc.

El narrador protagonista se encuentra a menudo en el género noir, pero también es común en los diarios, las biografías o el monólogo interior. Editar un libro con este tiempo es complejo. En novela, algunos ejemplos son Los juegos del hambre, de Suzanne Collins; El largo adiós, de Raymond Chandler; El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger.

Narrador testigo

Como su nombre indica, el que cuenta la historia es un testigo que nos narra los hechos en primera o tercera persona. No se trata del protagonista, sino de un personaje que ha presenciado lo ocurrido y nos lo relata desde un punto de vista concreto, limitado, con pocas o ninguna referencia a sí mismo. Como máximo, puede facilitarnos su punto de vista, pero no hace juicios de valor. Es un narrador-observador que puede integrarse en la acción u presenciarla desde fuera para contar los hechos de una manera más o menos objetiva, atendiendo a lo que el presenció. De esta forma, debemos otorgarle un lenguaje personalizado según sus características, no hacer que su narración sea un mero informe. Según la forma en que nos presente la información, podemos dividirle en tres categorías.

  • Testigo impersonal. Su mirada se asemeja a una cámara de cine, es decir, se limita a narrar lo que está sucediendo. Por esta razón, lo habitual es que aparezca en tiempo presente.
  • Testigo presencial. Sirve para contar un acontecimiento o vivencia que se presenció en el pasado.
  • Informante. Los hechos se presentan a modo de crónica o informe, como si se tratase de un documento auténtico.

Ejemplos del narrador testigo son: La colmena, de Camilo José Cela; las novelas de Sherlock Holmes, en las que Watson nos narra las peripecias del inmortal detective; o El capitán Alatriste, de Arturo Pérez Reverte.

Narrador en segunda persona.

Este narrador habla en segunda persona, como si se dirigiera al lector o como si hablara consigo mismo (desdoblando su persona y hablándole a esa otra parte). Suele usarse solamente en determinados fragmentos, y no a lo largo de toda una novela, y además suele usarse con el verbo en presente.

Es un tipo de narrador que busca la complicidad del lector. Por eso se dirige constantemente a él. Aunque utiliza los paradigmas de segunda persona, es decir, “tú”, “te”, “a ti”, “vosotros”, os”, etc., no pretende identificar a nadie en particular. El protagonista puede ser cualquiera. Por lo tanto, este tipo de narrador se suele utilizar con temas universales. Se supone que lo que le pasa al protagonista puede ser experimentado por casi todo el mundo.

Narrador en tercera persona.

Narrador omnisciente

El narrador omnisciente es aquel que sabe y conoce toda la información sobre los personajes y las tramas. Tiene el poder de anticiparse a los acontecimientos, de suponer, de juzgar y de revelarnos cómo se sienten los personajes. Construido en tercera persona, no se trata de un personaje del relato, si no de alguien externo a la historia. De esta forma, conseguimos posicionar al lector por encima de los personajes, pues tiene mayor información que ellos. Como principal desventaja, puede decirse que, al no unir al lector con un punto de vista único como el del protagonista, su proximidad con el relato se reduce, dejándole menos margen para fantasear y hacer sus propias conjeturas. A veces, la limitada y subjetiva visión de un narrador testigo o en primera persona, nos permite generar espacios de «silencio» o «desinformación» donde el lector debe conjeturar y de esa forma participar del relato. La excesiva información por parte de un narrador-Dios no siempre está bien empleada.

En cualquier caso, si te has decantado por un narrador omnisciente, asegúrate de que has seleccionado la información oportuna. Es frecuente cometer el error de mostrar todos los datos de golpe y no excluir aquello que es irrelevante. Recuerda siempre dosificar la información, escoger lo que el narrador cuenta y lo que omite, y decidir cuándo mostrarlo. Estas decisiones son vitales, ya que la tensión, el suspense y grado de interés en la historia dependen de ello.

Ejemplos: El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien; El Quijote, de Miguel de Cervantes.

Ramón Dionicio Valenzuela Sarmiento

Ramón Dionicio Valenzuela Sarmiento

Lic. Educación Primaria.