Estado-Nación

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Las transformaciones que el Estado–nación ha sufrido dentro del contexto de la globalización pueden caracterizarse por el hecho de que ya no se puede suponer que el lugar del poder político efectivo está en los Estados nacionales; diversas fuerzas y actores en el ámbito nacional, regional e internacional comparten el poder efectivo y lo intercambian. La actuación de los Estados en sistemas regionales y globales cada vez más complejos afecta tanto su autonomía  al alterar los costos y los beneficios de las políticas y al influir en los programas institucionales como su soberanía al cambiar el equilibrio entre las estructuras jurídicas y las prácticas administrativas nacionales, regionales e internacionales.

Las distinciones entre aspectos políticos internos y cuestiones externas, preocupaciones soberanas de un Estado–nación y consideraciones internacionales ya no están bien definidas. Los gobiernos se enfrentan a problemas tales como el narcotráfico, el empleo de recursos no renovables, epidemias, la administración de los desechos nucleares, la difusión de armas de destrucción masiva y el calentamiento global, que no se pueden clasificar de una manera significativa en estos términos. De hecho, en todas las áreas principales de la política, la interconexión de las comunidades políticas nacionales en los flujos y procesos regionales y globales las hace tomar parte en una intensiva coordinación y regulación transfronterizas.

El núcleo de la estructura del sistema de Estados–nación puede ser caracterizado por una fuerte tensión entre la consolidación de su operar administrativo y la legitimidad democrática dentro de las fronteras del Estado y la implementación de una política de poder fuera de esas fronteras. La creciente implicación de los Estados en redes regionales y globales, particularmente durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, alteró la magnitud y el alcance de su autoridad y su soberanía. La intensificación de las interconexiones regionales y la proliferación de relaciones globales plantean importantes interrogantes referidos, por un lado, a la aptitud de los Estados para resolver efectivamente las demandas provenientes de las fuerzas trasnacionales y, por el otro, a la actuación eficiente de los Estados ante la gran cantidad de personas por ellos afectadas.

La internacionalización de la producción, las finanzas y otros recursos económicos erosionan inexorablemente la capacidad de un Estado nacional para controlar su propio futuro democrático: se registra una brecha entre la idea de la comunidad política que determina su propio futuro y la dinámica de la economía política contemporánea. Resulta significativamente paradójico que en estos momentos la democracia formal se haya extendido ampliamente en el mundo y tenga una fuerte legitimidad, mientras que por otro lado el Estado–nación parece cada vez estar más maniatado por las fuerzas del capital transnacional y las redes de interconexión global que ponen en entredicho su capacidad para llevar acabo la conducción de la política económica y el desarrollo nacional.

Fuente: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-77422010000200006

Melissa Yulenny Yanajara Frías

Melissa Yulenny Yanajara Frías

Lic. En Educación Secundaria con especialidad en Historia de México y Universal. Maestra en Preparatoria Municipal "Omar Osvaldo Romo Covarrubias"