LOS SOFISTAS

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(del griego,σοφιστής, “sabio”.) Así se llamaban los filósofos griegos que en el siglo V a.n.e. eran maestros de “sabiduría” y de elocuencia. Los sofistas no formaban una escuela unida. Lo único que tenían de común era la negación de la religión, una explicación racionalista de los fenómenos de la naturaleza, un relativismo ético y social. El grupo principal de los sofistas (los “primogénitos”) era partidario de la democracia esclavista y tenían, en general, una concepción materialista de la naturaleza. Protágoras, Hipías, Pródico, Antifón fueron los primeros educadores enciclopédicos de la antigüedad. Se interesaron especialmente en la gnoseología. Protágoras enseñaba que todas las cosas fluyen y que la sensación es la única fuente del conocimiento. El hombre, decía, “es la medida de todas las cosas”. Algunos sofistas llegaban a conclusiones escépticas acerca del ser y del conocimiento. Así, Gorgias sostenía las tres tesis siguientes: 1) nada existe; 2) si alguna cosa existe, no podemos conocerla; 3) aun si pudiéramos conocerla, no podríamos hacerla conocer a los demás. Los sofistas del campo aristocrático, Critias e Hipódamo, se inclinaban a la filosofía idealista. La sofística es el conjunto de procedimientos empleados sobre todo durante el siglo IV a.n.e. por los sofistas, que se transformaron, según la expresión de Aristóteles, en maestros de la “sabiduría imaginaria”.

Cronológicamente, tomando como punto de referencia la guerra del Peloponeso, los principales sofistas se dividen en dos grandes grupos:

  1. Los anteriores a la guerra
    1. Protágoras
    1. Gorgias
    1. Pródico
    1. Hipias
  2. Los posteriores a la guerra
    1. Trasímaco
    1. Calicles
    1. Antifonte
    1. Critias

De estos dos grupos, el primero es el más innovador e importante: dirigen su investigación hacia las bases de la legitimidad de las leyes, y buscan los fundamentos racionales de la sociedad y de los valores sociales y morales. Con ello se enfrentan a lo generalmente aceptado por la tradición y crean nuevas vías de investigación. Los segundos, en cambio, tendieron más a los razonamientos sofísticos o sofismas, ya que sus intereses estaban más cercanos a la consecución de un triunfo meramente dialéctico sobre sus adversarios que a la consecución de la verdad. Además de estos autores, proliferaron muchos otros maestros de retórica sin ninguna clase de intereses filosóficos. No obstante, a pesar de las mencionadas diferencias, y a pesar de que los diferentes sofistas no forman una única escuela, en general comparten varios rasgos teóricos:

 Un cierto escepticismo tanto religioso (que les conduce al agnosticismo o, en algunos, al ateísmo) como filosófico y gnoseológico.

 La defensa de un relativismo cultural que pone en duda la existencia de patrones absolutos de conducta y, en algunos casos, se cuestionan la moralidad de la esclavitud.

 Un relativismo y convencionalismo moral: a diferencia de los fenómenos de la physis, la moral es fruto de una mera convención. A partir de esta oposición entre naturaleza y convención social, algunos de los sofistas afirman que la única ley propiamente natural es la ley del más fuerte.

 Un relativismo y convencionalismo político: los fundamentos de la polis y de la vida social no son naturales, sino convencionales, surgidos de un contrato social.

 Un relativismo gnoseológico: reducción del conocimiento a la opinión. Ello les induce a adoptar en muchos casos una actitud antidogmática y a rechazar la distinción entre esencia y apariencia: el único mundo real es el fenoménico.

 Su principal ocupación es la enseñanza, que efectúan a cambio de una remuneración, ya que consideran que esta tarea es propiamente un trabajo y no sólo una obligación moral (como concebía Sócrates su enseñanza).

A pesar de las opiniones negativas que ha suscitado este movimiento, en general fue un movimiento fecundo que afrontó el pensamiento de la realidad específicamente humana. También en este sentido se ha considerado el movimiento de los sofistas como la expresión de una primera etapa de Ilustración, razón por la cual se los ha comparado, a veces, con los enciclopedistas franceses del siglo XVIII. En la época moderna Nietzsche salió en defensa de los sofistas, a los que considera todavía como auténticos filósofos, antes de que se impusiera la traición representada, según él, por Sócrates y el platonismo

Mauro Adán

Mauro Adán

Licenciado en Comunicación e Imagen Pública, con diplomado en Proyectos de Investigación Profesional, docente de la Preparatoria Municipal Omar Osvaldo Romo Covarrubias.